8M (9M) – 24M MENOS HIPOCRESÍA Y MAS IGUALDAD, MEMORIA Y CONCIENCIA COLECTIVA.
8M (9M) – 24M
MENOS
HIPOCRESÍA Y MAS IGUALDAD, MEMORIA Y CONCIENCIA COLECTIVA.
Ha pasado otro 8 de
Marzo y estamos próximos a conmemorar un nuevo 24 de Marzo y parecería que solo
en teoría (en teoría) el reconocimiento de
derechos, de verdad y de justicia continúa ganando espacio en el plano de lo
formal, pero muy lejos del plano real, creando con ello una ilusión de falsa
igualdad, memoria y conciencia colectiva extendida.
La
definición conceptual de “negacionismo” es analizada en clave contemporánea por
la filósofa italiana Donatella Di Cesare en su libro Si Auschwitz no es nada. Dice:
“Los negacionistas que operan como dobermans del pensamiento que
nos preguntan por una cifra ¿hay 6 millones de judíos exterminados por el Holocausto?
¿hay 30 mil desaparecidos por la dictadura Argentina? no tienen una duda real.
De hecho ni siquiera son dudas: son intervenciones políticas.” Lo que hacen
con esa pregunta es negar o aminorar esos hechos. “Su pretensión es hacer pasar a las víctimas por farsantes, a los
testigos por mentirosos y a los sobrevivientes por falsificadores”.
Durante
el actual gobierno (nacional) el proceso del “negacionismo” se ha convertido en
política estado con la colaboración de los otros dos poderes… o tres… considerando
que los medios de comunicación conforman el eslabón necesario para que dicha
política produzca el adoctrinamiento necesario.
No hay que
olvidar que actualmente
el Poder Legislativo tiene en agenda
el tratamiento de ley que pretende elimina del Código Penal la figura de
femicidio y que también criminaliza las “falsas denuncias”, ambas impulsadas
por el Ejecutivo.
La
figura de la “falsa denuncia” es un arma de doble filo. En lo personal estoy a
favor de su tipificación, en especial cuando la conducta provenga de agentes,
funcionarios y/o sus secuaces seguidores que, escudados en el poder esporádico
del funcionario de turno que los mantiene, hostigan física y psicológicamente a
sus víctimas por el solo afán de conseguir cargos o posicionarse en alguna
función; asimismo amparados, claro está, por los gremios que actúan de fieles
cumplidores de derechos violados (los de ellos). Mucho he escrito al respecto y
a lo cual remito.
Sin
embargo, y resulta muy llamativo, no se vislumbra ninguna iniciativa de la
oposición para impulsar otro tipo de proyectos que aseguren las condiciones de
contención y prevención de estas violencias.
La
ardua lucha de tantos años parece retroceder a pasos agigantados bajo el
eslogan cómodo de la ultraderecha que pretende instalar la falsa idea de que la
agenda feminista va contra los hombres o abogar por una “memoria completa” para poder negar los 30.000 desaparecidos.
Haciendo
una mirada retrospectiva de la historia podemos suponer que se ha logrado
cierta concientización social, pero de ahí a irradiar e instaurar derechos...
estamos muy lejos.
Las
actuales políticas han sembrado la desazón al punto de horrorizarnos ante frases
pronunciadas por funcionarios de gobierno y/o comunicadores. La realidad se distorsiona
y se adueña de una verdad que muchos intentan esconder bajo las alfombras.
Sin
embargo, presenciamos actos y escuchamos discursos por doquier por parte de
funcionarios, ministros, gobernadores y/o políticos que dicen enarbolar y defender
esos derechos; pero la verdad es incuestionable y ante los hechos notorios esos
eventos y alocuciones constituyen un contundente “biri biri”.[i]
La
provincia de Buenos Aires cuenta con la mayor cantidad de funcionarios denunciados
por abuso sexual, violencia y bullying laboral o mobbing (el poder ejecutivo
lleva la delantera, seguido por el poder judicial, la iglesia católica, las
fuerzas de seguridad y el poder legislativo); sin embargo seguimos con la
caradurez y el descaro de encabezar o presidir actos enarbolando el respeto por
un derecho que fue violentado por otro funcionario que, al encontrarse “protegido”,
se hace necesario el resguardo o el amparo. Nunca poner en marcha el debido
procedimiento para que la investigación avance.
Quizás
el “silencio” les genera la falsa creencia de liberación, permitiéndoles pagar “deuda
de favores”. Sin embargo el “desentenderse” de los hechos y sus circunstancias
no los libera de responsabilidad por mas discurso, acto o compromiso que
quieran vender públicamente.
La única
verdad son los hechos.
Es
un proceder cómplice del patriarcado político; lamentablemente ha ganado
adeptos en mujeres que han sepultado el discurso de la sororidad bajo el
silencio conveniente y oportuno que les permita demostrar una gestión
intachable.
En
estos días un alto funcionario del gobierno provincial fue sobreseído por una
causa de abuso sexual simple y desobediencia que le iniciara su ex secretaria
privada.
La determinación, adoptada por una jueza se basó
en la “falta de acción”, dado que según su consideración la denunciante no pudo sostener la demanda penal.
(Sororidad?)
Nadie
podría sostener una causa penal frente a la presión de semejante poder que
detenta el denunciado; siquiera el propio ejecutivo o el poder judicial. Los
votos que pueda aportar se tornan necesarios y el poder ensombrece cualquier
otro poder que, seguramente, también algo tiene para esconder bajo la alfombra.
Por
su parte, las redes se han convertido en purgatorios sociales. Ahora parece que
postear reconocimientos y/o felicitaciones purifica cualquier accionar y los
aleja, tanto a hombres como mujeres, de la calificación de retrógrados
patriarcales que pudieran caberles por sus procederes y/o pensamientos.
Los
actos no depuran ni liberan el accionar NO debido; las fotos no consagran
procederes y los carteles no enarbolan derechos. El día que no exista más la
necesidad de un discurso o de una foto para garantizar el sostenimiento de un
derecho, ese día podremos hablar de igualdad, memoria y conciencia colectiva.
[i]
El término biri biri (o "biribiri") en el contexto del fútbol
argentino y coloquial se refiere a la labia, capacidad de persuasión o a hablar
mucho sin decir nada importante, a menudo asociado con el engaño o la
exageración, popularizado como sinónimo de "sanata" o
"chamuyo".
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